La crónica negra de los pueblos está repleta de crímenes que se han fijado en el imaginario popular no tanto por lo espectacular de su ejecución o lo espeluznante de sus resultados, sino por una serie de circunstancias que no es posible asentar exclusivamente en la víctima ni su verdugo, pues giran en torno a una suerte de literatura imprecisa, connotativa y de naturaleza oral, llamémoslo así, que cabe situar en las periferias temporales del suceso, en ese antes de las causas y en ese después de
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