Hoy mis pasos te recuerdan. Cada paso es distinto al anterior pero se parecen mucho. Lo que los hace distintos es el hecho de que me desplazan. Nos desplazamos.
Una lanza se eleva de la tierra y nos atraviesa el pecho a los dos. Como simples brochetas Es un aguijón de la tierra, de la vida.
Siento que te duermes en esa muerte y yo, debajo, te abrazo en cucharilla. No morimos allí. De hecho, no hemos muerto nunca.
Te llevo en mis pasos. En hojas que se paran en mi vista y que se mueven como el
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