El abuelo un buen día se encargó un retrato y decidió quedarse a vivir en él. Desde entonces la abuela, por no estar sola, va con el cuadro por toda la casa. Lo mismo lo pone a la mesa a la hora de comer, que le lee las viejas novelas de Marcial Lafuente Estefanía que él guardaba o, ya por la noche, lo acomoda junto a ella en el sofá mientras ve televisión, para después llevárselo a dormir. Nunca se separa de él, salvo cuando, alguna que otra vez, recibe a aquel viejo novio. Sólo ento
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