Corren. Se rozan con las ramas, se arañan con las zarzas, tropiezan en las piedras. No paran hasta salir del bosque, cruzar los campos y llegar, por fin, a la ciudad. Allí pasean entre la población y, finalmente, son quemados. (2012-2013, quizá ya publicado en mi twitter) Más en http://josemoya.blogspot.com
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