Nadie sabe cómo llegaron, ni cuándo.
Unos dicen que ya estaban aquí, que esperaron su momento bajo tierra. Que puede que sean incluso anteriores a nosotros. Otros, que vinieron en el cometa azul que se estrelló contra la Tierra hace unos años, arrasando el centro de Europa.
Sea como fuere, ellos son ahora los amos del mundo, y nosotros, su presa. Huimos de los chasquidos de sus pinzas. Nos escondemos para no ser devorados por ellos. Krogs, así los llamamos, por los crujidos que producen cuando se comunican entre ellos y que a nosotros nos ponen los pelos de punta.
Suenan las alarmas. Ya vienen. Todos corremos al escondite de emergencia.
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