Estamos en periodo electoral. La frondosidad de los árboles urbanos se mezcla con caretos colgados de las farolas: unos te miran fijamente con negros ojos, otros miran hacia el cielo, como esperando un milagro, y otros tienen pelín de fotoshop. Hasta aquí, todo normal, pero lo que, a mi juicio, diferencia estos comicios a los anteriores es el sentimiento general ( y sobre todo de la juventud) de apatía, hartazgo y desesperación por las acciones en estos últimos años convulsos de la clase polític
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