Cuando Malaban, montado en Daval, miró hacia atrás no se podía creer lo que estaba viendo. De hecho, cuando vio lo que le perseguía, casi se desmaya: cuatro lobos negros gigantes corrían hacia ellos. A pesar de la lluvia y del miedo que sentía, sólo había algo que le quedó claro desde que los vio: aquellos lobos no eran normales.
Buscó en su macuto pero estaba temblando. ¿Por qué le habían elegido a él? Él sólo quería ser eremita. Un escalofrío le recorrió el cuerpo: sintió algo por dentro per
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