Jueves, 4 de agosto de 2014
Guerra diaria de duchas, cena, pijamas, peleas, lavado de dientes, cuento, besos, cosquillas y, dos horas más tarde, estoy rendida en la cama, boca abajo, con la tele encendida emitiendo un murmullo ininteligible.
Hay días que son como flechas horadando el tiempo: veloces e inapreciables, certeros en su diana. He sido atravesada por una que me ha clavado a la cama sin posibilidad de protesta alguna.
Cuando entra Iván ni me giro. Emito un Estoy muerta sin consonant
All rights reserved