Rafael nunca logró perdonar a su hijo Oriol por la muerte de Marián, su esposa, en el parto. La ausencia de cariño marcó la infancia del niño, que pronto mostró señales inquietantes de crueldad. Rafael lo ignoró todo hasta que, el día de su vigésimo cumpleaños, descubrió el horror de lo que había engendrado. Desde entonces, cada año, Oriol celebra su aniversario con un nuevo asesinato, los mediáticos «crímenes del asesino de la pelota».
Diez años después, cansado de cargar con la culpa y decidido a poner fin a la pesadilla, Rafael cita a su hijo en un lugar muy especial: la vieja autocaravana familiar. Allí, entre cervezas, recuerdos y un último abrazo, padre e hijo sellarán un destino inevitable en medio de las llamas.
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