¿Te acuerdas de cómo corríamos por el puente? Todas las mañanas, antes de que se apagaran las farolas, volábamos para no perder el autobús. Siempre has sido muy maniático y teníamos que coger precisamente ese, el de las 6’35, para no pillar el atasco de primera hora, decías. Nos sentábamos en los mismos asientos a la ida y a la vuelta: yo, junto a la ventanilla; tú, mirando al pasillo. Y cómo nos reíamos y qué felices éramos. Yo te reñía si te pillaba sonriendo a la rubia esa que se acomodaba to
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