El comportamiento del perro doméstico es el resultado visible de una arquitectura neurobiológica compleja, moldeada por presiones evolutivas de largo plazo, procesos de domesticación, embudos selectivos recientes y experiencias de vida altamente idiosincráticas. Reducir esa complejidad a explicaciones únicas del tipo “es así por la raza” o “es así porque lo han malcriado” no solo es científicamente inexacto, sino que conduce a intervenciones pobres y, con frecuencia, a diagnósticos erróneos en problemas de conducta. La literatura actual en genética canina, neurociencia comparada y etología ya muestra con claridad que la diversidad conductual en perros surge de la superposición de factores de distinta escala: variación intraespecífica en cánidos (incluyendo lobos), efectos de la domesticación sobre la reactividad emocional y la sociabilidad, divergencia neuroanatómica entre linajes y razas, hiperselección moderna y la emergencia de perfiles extremos, así como neurodivergencias individuales análogas a TDAH, TEA o TOC humanos.
All rights reserved