Es la gota nocturna
que se desliza,
rauda por tu espalda,
como la caña encendida,
entre albuferas heladas.
La umbría de tus rezos,
es la sacudida sacádica,
de tu cuerpo en estremecimientos,
la cópula espontánea,
de tus arrepentimientos.
Y la nieve de fuego cae,
sobre tu cintura,
y tus pechos florecen, traen,
la pasión de una tarde impura.
¡Que tierna tu noche,
que pasividad malherida!,
y tus manos tiemblan, curan,
los ósculos con cenizas.
Y la ventisca de llamas enfría,
tus cabellos con la brisa
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