Morton, el padre estoico y nonagenario de Ada, ha cuidado a su hija esquizofrénica a lo largo de cincuenta años. Al sentir que no le queda mucho tiempo de vida, decide conducir a su hija hasta un refugio en el que se le brinda cobijo a mujeres trastornadas. El refugio se encuentra en un bosque austriaco. A lo largo del viaje, padre e hija se verán forzados a quebrar el silencio que marcó su relación. Antes de despedirse, se les desboca la lengua y logran enunciar el dolor que abrió entre ellos una distancia en apariencia insalvable.
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