Cuando el primer gato murió decidió que no iría al cielo. Es decir, imagínense, había vivido una vida larga. Había perseguido todo lo que podía permitirse perseguir con su tamaño, y aun alguna cosa mayor de lo que habría dictado la prudencia. Había comido cosas que no debería haberse comido y –aún más importante– había… Seguir leyendo El primer gato →
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