Caminó Jesús sobre el azul mar, en la sombra de la noche, sin temor a naufragar. Sus pies descalzos en la espuma danzaban, un milagro silente, las olas asombraban. Bajo un cielo tachonado de estrellas brillantes, Jesús avanzaba, inmutable ante los mares rugientes. El viento soplaba, y las olas se arremolinaban, más él, sosegado, su senda no abandonaba. "¡Mirad!", exclamó Pedro, la incredulidad en su voz, "El Maestro sobre las aguas, qué divino alboroto nos provocó". Con los ojos desorbitados y e
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