Cuando el petróleo aun yacía en el subsuelo venezolano, el cacao era nuestro oro dulce y en torno a él se construyó una sociedad que luego reclamaría como propios los frutos de su comercio. Agustín y Cipriana Hurtado y de Mendoza, españoles, hicieron suya la tierra del cacao. Aurelia, su hija, creció con su sabor en los labios y su aroma en la piel bronceada por el sol de las costas aragüeñas, mientras los ideales libertarios de la Ilustración europea, modelaban su pensamiento. Sus hijas, Amaranta, Anastasia y América, heredaron su pasión por el cacao y la libertad, y las cuatro serán determinantes en la emancipación de la pequeña Venecia.
Las Hurtado y de Mendoza: independencia con nombre de mujer y aroma a cacao.
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