Loreta acababa de dar el «sí» junto a Nicolás. El «sí» para apostar a un futuro con él; y lo hizo porque nunca imaginó que el pasado la miraría a los ojos justamente en su luna de miel, derrumbando todo lo que creía construido.
No se dio cuenta de que lo suyo con Nicolás era como un castillo de arena. No importaba cuánto esfuerzo pusiera para mantenerlo en pie, solo bastaba una brisa o una fuerte ola para derrumbarlo por completo. Y Luciano era un tsunami. Un tornado imposible de frenar.
Loreta aún no cumplía la mayoría de edad cuando se enamoró por primera vez. Entre flores, besos y sonrisas encontró la felicidad, la cual duró muy poco. Años después desea volver a florecer. Como antes, como siempre debió haber sido.
«Parecían inseparables, parecían ser una pareja destinada al amor, parecían estar llenos de ilusiones, esperanzas y planes. Pero… siempre hay un «pero». Para cuando el sol estuvo sobre sus cabezas, la puerta de la cabaña se abrió tan bruscamente que los despertó de aquel sueño, hundiéndolos en una pesadilla.»
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