Año 486 D.F. El Fénix ha renacido. La noticia que ha sacudido cada rincón de la civilización también ha pillado desprevenido a más de uno. ¿Y quién podría culparlos? Los héroes mueren, y la mayoría jamás vuelven de entre los muertos, pero ese hombre ha resurgido como un volcán en erupción, y ansía establecer un nuevo periodo de paz en la península que lo ha visto crecer.
Mientras tanto, un misterioso peregrino llega a las tierras de Maelzar buscando respuestas en la nueva encarnación del Fénix. Nadie sabe quién es ni por qué ha venido. Pero puede que Fixón Draconsen sea demasiado taimado y sus secretos no deban ser ignorados. Aun así, ese no es el mayor de los problemas. El Señor del Nido y su Consejo de la Fundición, codiciosos como solo ellos lo son, han ordenado decretos reales muy severos en plena ciudad capital. No quieren al Fénix, ni dentro ni fuera de sus murallas, y no permitirán que nadie se interponga en su mandato.
Rodeado de asesinos, traidores y puñales, Fixón Draconsen deberá enfrentarse a una elección imposible mientras lidia con las cicatrices del pasado, para hallar al nuevo héroe que algún día traerá la salvación uniendo a su pueblo. El duodécimo y, posiblemente, el último héroe del ciclo del Fénix. Sin embargo, siendo él un extranjero de una nación también condenada por sus fechorías, ¿querrá matarlo por envidia, o salvarlo de las garras del rey Audaz? Solo las estrellas decidirán su camino.
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