Este trabajo toma como punto de partida la discusión tópica sobre el origen del talento poético. En otras palabras, se propone tratar conceptos dicotómicos como "inspiración / laboriosidad", "genio / técnica", "originalidad / intertextualidad", etc. Los términos de estas oposiciones, y de otras análogas que se podrían suceder, son intercambiables de unas a otras. Sin embargo en esta ocasión la precisión lógica de las mísmas tiene poca importancia, puesto que lo que se pretende aquí no es resolverlas, sino adentrarse a través de ellas en un campo que trasciende el alcance de un estudio filológico, aunque no lo excluya. Nos referimos al concepto de revelación.
Al abordar el fenómeno de la producción de textos, no se pueden obviar aquellos cuyo origen se atribuye a una entidad espiritual trascendente respecto del autor del escrito. Cuando se trata de textos canónicos, es decir, los Libros Sagrados de las diversas religiones, como, por ejemplo, la Biblia o el Corán, esta entidad espiritual trascendente, en última instancia, es Dios, sin prejuicio de que su autor inmediato sea el Profeta Isaías o Juan el Evangelista. En el caso concreto del Corán, según la Fe Islámica, fue el Arcángel San Gabriel quien sirvió de mediador de la revelación divina entre Dios y Muhammad, quien se erige así en la manifestación de Dios ante la humanidad.
Evidentemente, cuando se toca un asunto de esta naturaleza entra en juego un factor capital como es la fe. Para quien parta de la increencia, estos Libros Sagrados merecerán una consideración pareja a la de cualquier otra manifestación literaria. Así, la cuestión sobre el origen de los textos revelados el no creyente la intentará dilucidar desde el punto de vista del historiador de la cultura, del psicólogo o del filólogo. Sin embargo, sean cuales fueren nuestras convicciones religiosas, no podemos olvidar que para millones de personas durante muchos siglos estos textos han sido y siguen siendo obra de la munificencia divina. Siendo esto así, adoptemos una actitud pragmática y valoremos el hecho sobre la base de sus resultados. Dicho de otro modo, consideremos como texto revelado de origen divino a todo aquello que ha funcionado y funciona como tal. Este planteamiento excluye a todos aquellos textos realizados mediante escritura automática en supuestos estados de trance místico cuyo origen se atribuye a espíritus, almas en pena y demás fenomenología, hoy tan en boga. El motivo de la exclusión es, como se ha dicho, de orden pragmático, pues ninguno de los numerosos escritos obtenidos a través de experiencias parapsicológicas, como por ejemplo las Profecías de Nostradamus, se ha constituido en el cimiento de una nueva civilización, ni ha logrado movilizar a una generación tras otra en pos de sus enseñanzas. Esto último lo han logrado las palabras de sólo unos pocos: Krishna, Abraham, Buda, Moisés, Zoroastro, Jesús, Muhammad,...
En este proceso de revelación progresiva, los siguientes eslabones son las figuras fundadoras de la Fe Bahá'í: el Báb (Shiraz, Irán, 1819 - Tabriz, Irán, 1850) y Bahá'u'lláh (Teherán, Irán, 1817 - Haifa, Israel, 1892).
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