Escribo versos arrancados de mi coraza, de mi tinta, con esta mano que tu inspiras, y este vicio es su perdición. Mi cuerpo está deshabitado y mi mente se debilita, no esperes a que te lo pida, tu caricia es mi salvación.
He atravesado verdes prados y tormentas con voz de trueno, he aprendido que con denuedo cualquiera puede ver el sol. Y aquí me encuentro, sin embargo, pensando en que aún no te tengo, ya no hay lágrimas, ya no hay miedo, nunca es tarde para el perdón.
Tú ya no miras hacia aba
Creative Commons Attribution Non-commercial No Derivatives 3.0