Todo artista tiene su musa. Mi numen tenía un perfil a lo Cary Grant, la chulería de Marlon Brando, la elegancia y gallardía de Paul Newman, y el espíritu seductor de William Holden. Era el puzzle perfecto. Una mezcla de todos, tanto en apariencia física como en esencia. Pero era único. Único en sus besos, en su sonrisa, en su mirada, en su voz, esa voz...
Único en revolucionar mi corazón y capaz de ponerme a dos mil por hora a la vez que congelaba el tiempo.
Era el hombre ideal, mi hombre ide
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