Hay veces que miras a tu derecha y te enamoras. Así, sin más. Como un tonto mirando un lápiz. Como yo.
Me pasó un día de junio en el mercado de San Miguel, en Madrid. Y por si fuera poco, mi amigo Carlos va hacia el chico y… ¡Le da mi número de teléfono! Por aquellas fechas lo habría matado, pero al final terminé agradeciéndoselo.
Por otro lado, hace más bien poco, conocí a un señor súper raro que habla con los gatos. Aunque parezca una locura —que lo es—, me cae bien. Hay algo en el que… No sé, me transmite buen rollo.
Hasta que las cosas se complican: Marcos, el chico que conocí en el mercado, empieza a pasar de mi culo como si tuviera la lepra (tranquilos, que no la tengo) y Lupiciano, el señor de los gatos… Esa parte mejor descúbrela cuando lo leas.
Creative Commons Attribution-NoDerivatives 4.0