Duermes en la oscuridad. Los ojos cerrados a la noche, lo tenebroso de un sueño, un aliento en la nuca, una mano que te alcanza. Correr, correr, correr la hierba húmeda descalzo, correr… un tacto ¡AHHHHHH! Despiertas, todo continua oscuro, tú, tu respiración y lo irracional del miedo, como el de los niños que saben de monstruos bajo la cama. Pesadillas que domas con la cordura de la certeza de que la noche es negra y en un rato madrugas. Te acurrucas sin taparte la cabeza, al fin y al cabo nada
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