Ahora, sé que la razón de mis tropiezos, no eran más que una bella hazaña del destino para que al final, pudieran coincidir nuestros caminos. Ahora, ya no me quedan dudas. Sé que cada uno de mis pasos: buenos y malos; estuvieron siempre destinados a terminar cayendo entre tus brazos.
Tranquila, te aseguro que no es tristeza el sentimiento que me embarga cuando debes irte. Es sólo que aún no me acostumbro a las despedidas. Pero te garantizo que no es tristeza, de ninguna manera. Es sólo inconformismo, impotencia, ganas de que te quedaras; deseos de no querer lidiar nunca más con tu partida.
Es que, a decir verdad, es un riesgo tremendo el sólo hecho de abrazarla; y no porque tema acostumbrarme al calor de sus brazos y puedan hacerme falta después. No, claro qwue no. La cuestión, es que no sabría a ciencia cierta si una vez que lo haga, vaya a querer soltarla.
No soportó más, se cansó de los constantes reclamos de un supuesto amor. Se llenó de coraje y arregló sus maletas. Empacó sus defectos, sus miedos, sus sueños y hasta sus más profundos deseos de quedarse. Pues necesitaba un lugar en el que hubiera espacio no sólo para el amor que guardaba su corazón, sino también, para todos sus demonios.
Esta noche voy a besarte las dudas, voy a acariciarte los miedos. Esta noche voy a encender tus pensamientos más oscuros y a desvestir tus más profundos deseos. Esta noche voy a despojarte de todo; y no precisamente sólo de la ropa.
No sé si el tiempo me alcance para tantas cosas que debo realizar, pero no esperaré hasta la última de mis mañanas para despertarte con un beso en la frente y decirte buenos días. Sé también que no esperaré a la última de mis noches para quedarme o que te quedes dormida entre mis brazos. Y eso quiero que suceda siempre.
Que cuando las risas y los buenos momentos se ausenten, nos drogaremos siempre de buenos recuerdos.
No se confunda por favor, si algún día escucha decir que no he podido olvidarle, no se confunda si le dicen que me han visto con semblante de tristeza en las tardes, no se confunda por favor, no vaya a pensar que estoy extrañándole, sepa que hay heridas que sanan despacio, que a veces los sentimientos se distraen y chocan causando desastres por dentro.
Tranquila, te aseguro que no es tristeza el sentimiento que me embarga cuando debes irte. Es sólo que aún no me acostumbro a las despedidas. Pero te garantizo que no es tristeza, de ninguna manera. Es sólo inconformismo, impotencia, ganas de que te quedaras; deseos de no querer lidiar nunca más con tu partida.
Sin ánimo de ofenderla o desearle que le vaya mal, sólo espero que no encuentre otros labios como los míos, que nadie la bese como yo y que sus besos no encajen con nadie más como encajaban con los míos.
Y no me vengas a hablar de insomnio, tú que lo conoces en una cama distinta cada noche.
A pesar de todo, ahí seguíamos, jugando a enamorarnos, sin ánimos de rendirle cuentas al amor. Conscientes de que mirábamos con ojos muy diferentes, que esperábamos cosas muy distintas de la vida. Pero continuábamos. Sin importar lo que pudiera suceder; dispuestos a jodernos la vida de la manera más hermosa, sólo por un poco de amor.
Si en realidad es un amor de verdad, no hay mucho que se pueda hacer. Aunque venga cargado de dudas, de advertencias, de miedos, no hay manera de detenerlo. Acabará haciéndote perder el juicio y terminará por convencerte que un amor de verdad no es para cuerdos, es un asunto de locos, bastante serio.
Hay cosas que sencillamente se nos salen de las manos, momentos en los que quisiéramos tan sólo desaparecer, olvidarnos del mundo y dejar nuestra mente en blanco en una pausa eterna. Hay sentimientos con los que definitivamente jamás aprenderemos a lidiar.
En verdad es triste decirlo, pero es la realidad; yo tampoco soy esta noche el insomnio de nadie.
Dicen que el tiempo cura todo. Pero, pienso que eso no siempre es verdad. A veces, son personas quienes llegan a tu vida para sanar tristezas y decepciones, para ayudarte a continuar. Para arrancar del alma lo que el tiempo no supo cómo borrar.
Ella no ha cambiado, claro que no, sigue siendo la misma de siempre. Es apenas normal, que ahora, le cueste sentir algo, que le inspire desconfianza el amor. No ha vivido días fáciles después de todo. Tantas decepciones le han adormecido el corazón, tanto dañó acabó con sus deseos de sentir.
Por alguna extraña razón, siempre conocemos a alguien que acaba siendo nuestra debilidad. No importa cuán duros seamos, cuán fuerte intentemos ser. Esta persona viene para desmoronarlo todo, para dejarnos una huella imborrable en la vida.
No es justo de ninguna manera, que seas mi insomnio esta noche y no estés aquí para hacerte cargo.
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