Enero de 1966. Sobre el cielo de Pilaricos, un olvidado pueblecito costero de Almería que obtiene sus escasos recursos gracias al contrabando, dos aviones norteamericanos colisionan provocando un gravísimo accidente nuclear. El gobierno de Franco, con ayuda de los Estados Unidos, hace lo posible por ocultar la existencia de contaminación radioactiva en la costa española para no espantar a los turistas, pero no puede evitar que Salva, un codicioso marinero contrabandista que arrastra una cojera adquirida en la Guerra civil, se exponga accidentalmente a unos niveles letales de radiación que, por el azar o por el destino, le proporcionan unos poderes sobrehumanos.
En medio del caos y la incertidumbre, todo el pueblo de Pilaricos se encierra provisionalmente en el principal edificio del pueblo, un ruinoso inmueble utilizado desde hace años como colegio y consulta médica. Ambos son gestionados por Ingrid, una joven química de Madrid que se instaló en Pilaricos huyendo de la capital y de la policía franquista con su hija de 13 años, Raquel, una inteligente niña algo fantasiosa y con un llamativo parche en un ojo.
Madre e hija se convierten en el único apoyo de Salva cuando éste adquiere el extraño poder de curar. Lejos de transformarse en un superhéroe justiciero, el contrabandista se convierte de la noche a la mañana en un perseguido del Estado. Un problema, y también una oportunidad, para un régimen que ve a Salva como núcleo irradiador del 'Proyecto Islero', uno de los planes más secretos del franquismo que tenía como objetivo convertir a España en una potencia nuclear.
Señalado por las autoridades civiles, militares y hasta eclesiásticas, el “mesías sanador” es trasladado a Madrid, en cumplimiento de la Ley de Vagos y Maleantes, donde es sometido a un sinfín de exámenes y estudios que le llevan al límite tanto física como mentalmente. Misiones como rejuvenecer al Caudillo o ayudar a que el Real Madrid gane su sexta Copa de Europa, le obligan a enfrentarse al dilema de seguir colaborando a que se perpetue ese “status quo” en España o decir basta, aunque le cueste la vida.
Para colmo, los americanos entran en la ecuación cuando, defendiendo que “las bombas eran suyas”, pretenden trasladar a Salva a una base ultrasecreta en el estado de Nevada…
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