Mucho se habla en el Sendero Siniestro acerca de la Auto-Deificación. Ciertamente, esta idea o concepto, se ha convertido en el eje central del camino espiritual siniestro para muchos practicantes. Se ha convertido en un objetivo que debe lograrse a toda costa. Sin embargo, creo que hay mucha confusión acerca del término, de su «utilidad» —si es que tiene que servir para algo— o incluso del método o métodos que se pueden emplear para conseguirla. Pero, ¿la Auto-Deificación es algo que se pueda «conseguir», en el sentido de «tener» o «poseer»? En relación con este primero, hay otro término que creo que tampoco se entiende muy bien; me refiero a la Auto-Iluminación, o Iluminación a secas. Dos términos que, desde mi punto de vista, se encuentran totalmente interconectados y son interdependientes entre sí, pero que significan cosas —estados, o estados de cosas— diferentes.
Con las siguientes líneas, aspiro a arrojar un poco de luz sobre este dilema, que sin duda existe y se puede comprobar empíricamente o por la mera observación de los practicantes del Sendero. Asimismo, trataré de enunciar qué tipo de filosofía podría sustentar y permitir el desarrollo teórico-práctico de ambas cuestiones. Para ello, me serviré de los argumentos de Kitarō Nishida —el gran filósofo japonés, alrededor de quien se fundó la Escuela de Kioto—, quien, siempre desde una perspectiva o esencia Zen —Budismo japonés— trató de encontrar un punto de conjunción entre la filosofía occidental —concretamente, desde Aristóteles hasta Wittgenstein— y la filosofía japonesa, que, obviamente, tiene ciertas similitudes con otras filosofías asiáticas.
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