Cati, a sus casi cincuenta años, está en crisis: a pesar de tener una fructífera carrera como agente inmobiliaria, su independencia sigue atada a Jesús, su socio y marido, a quien, para colmo, descubre engañándola con una mujer más joven.
Como bien piensa Cati, si la vida te da limones, corta una rodaja, échala en el gintonic y bébetelo. Así que se vuelca en lo que mejor sabe hacer: alquilar y vender propiedades, sin importar su estado. Con su verborrea, maneja el mercado inmobiliario con soltura y recurre a tácticas persuasivas y éticamente cuestionables para triunfar: un piso diminuto con una simple claraboya deja de ser un zulo para convertirse en un "acogedor refugio con vistas privilegiadas a las estrellas". En esta aventura la acompaña Marcelo, su mano derecha, a quien relega a las ventas menos atractivas.
En una de sus visitas comerciales, una pareja de extranjeros busca una vivienda de lujo. Con lo que están dispuestos a pagar, Cati ve la oportunidad perfecta para enriquecerse sin depender de nadie y alcanzar el estilo de vida que siempre ha deseado . Así que presiona a su marido para que termine una promoción de edificios de lujo que lleva meses estancada por fallos estructurales: el edificio se hunde poco a poco y la única solución real sería demolerlo y empezar de cero.
Pero demoler el edificio no es una opción para Jesús y Cati, así que deciden seguir adelante y organizan una ostentosa fiesta en el ático, ignorando las advertencias de los expertos y sin tomar las medidas de seguridad adecuadas. El día de la inauguración se desata la tormenta perfecta: una plataforma vecinal se manifiesta ante el edificio y Jesús pone la seguridad en manos de Héctor Anglada, un matón especializado en desahucios forzosos y de temperamento explosivo. El enfrentamiento entre ambos bandos desemboca en una tragedia: un grave accidente provoca el derrumbe del edificio y deja varias víctimas fatales. Jesús huye del país, dejando a Cati sola para enfrentar las consecuencias: embargos, juicios y el escrutinio de la opinión pública.
Despojada de todos sus bienes, Cati recurre a Marcelo, quien ha logrado sobrevivir a la catástrofe pero arrastra severas secuelas físicas. Le convence para que actúe como testaferro y así poder refugiarse en su primer apartamento, un pequeño y viejo inmueble que ha conseguido ocultar de los embargos. Pero lo que parecía una solución temporal se convierte en su peor pesadilla: Marcelo, cansado de vivir a la sombra de Cati, la traiciona y la expulsa del apartamento con la intención de convertirlo en un negocio de alquiler vacacional.
Cati toma una decisión drástica: ocupa su propio apartamento, es decir, se convierte en aquello que siempre ha despreciado. Sobrevivir se vuelve un desafío para alguien acostumbrada a un alto nivel de vida: caza un ratón que ronda entre los muebles, idea un rocambolesco plan para salir a comprar saltando de balcón en balcón, y se enfrenta a la incomodidad de mantenerse limpia sin recursos básicos. Pero su mayor amenaza es Héctor Anglada, contratado por Marcelo para echarla del apartamento a cualquier precio.
Contra todo pronóstico, mientras permanece encerrada en su propio apartamento, Cati encuentra aliados inesperados: Miranda Morales, una ambiciosa periodista sensacionalista que ve en su historia la ocasión ideal para impulsar su carrera, y Belén y Pau, activistas de la plataforma vecinal que antes la veían como una enemiga, pero ahora se convierten en sus aliados en la lucha por conservar su hogar.
Cati está decidida a explotar cualquier recurso y a manipular a quien sea necesario para quedarse en el apartamento. Lanza una ofensiva mediática a través de Miranda en la que cosecha victorias y fracasos a partes iguales: logra frenar el acoso violento de Anglada, pero sus constantes mentiras acaban pasándole factura, llevándola al ostracismo y alejando a los pocos aliados que le quedaban.
Entonces, debe enfrentarse sola a Anglada, a Marcelo y a los medios. Por primera vez en su vida, no puede manipular ni delegar: tiene que valerse por sí misma. Y si para salir adelante tiene que ensuciarse las manos… lo hará. De sangre, si es necesario.
Con lo poco que le queda en su pisucho, se prepara para un asedio brutal a manos del despiadado empresario de desokupación. Y, al más puro estilo *Solo en Casa*—pero con mucha más mala leche—, se dispone a repeler los ataques con astucia e improvisación.
Finalmente, logra una victoria agridulce: desenmascara a Anglada ante el mundo y sobrevive al enfrentamiento, pero no consigue evitar la cárcel. Sin embargo, en la soledad de su celda, descubre que, paradójicamente, ha encontrado lo que siempre ha buscado: calma, respeto y la única independencia real que jamás ha tenido.
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