En los cerezos, pétalos rosados, anónimos coquetean al viento, junto a los nidos, donde alas párvulas asoman inquietas. Óleos del cielo, al alba dejan caer garúa oliva en la ensenada y de nobles diamantes, saturan los espejos de agua. Entre colores y aromas vibrantes, escampa la tristeza… se manifiesta la vida, danza la alegría. Todo sucede tan increíblemente cerca, pero, sin ni la excéntrica esperanza de ti, aquí en mi alma sin luna, crece la tundra. En mi jardín… la nieve no cesa.
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