Siglo XIII, Jacopo de la Varazze es fraile en un convento de dominicos no lejos de Génova, Italia. Trabaja asiduamente en la obra que signará su existencia, La Leyenda áurea. Se afana en recopilar la vida de los santos que compondrán su libro. Ahora es el turno de San Jorge, el más popular entre todos los santos de la cristiandad. Pero al revisar las muchas leyendas y relatos que posee la biblioteca conventual los encuentra poco convincentes, contradictorios, manidos, de poca profundidad y hasta sosos. De espíritu imaginativo y creador, Fray Jacopo no resiste la tentación de cambiar rasgos fundamentales de esta leyenda creando la suya propia, versión que elabora en el más absoluto secreto para no ser tomado por hereje. Para lograrlo invierte el orden establecido al transformar al dragón, Draco Pestifer, en el protagonista y su papel de representar el mal al convertirlo en un sabio que conoce todas las debilidades y tropelías de los humanos. Las discute con Georgius, el futuro san Jorge que ha venido a matarlo por las razones equivocadas. Aparece asimismo una peculiar princesa en un cuadro pintoresco, la fuente junto a una cueva en la montaña de la que se provee de agua un pueblo próximo a la ciudad lidia de Sardes (actual Turquía), bajo el poder de Roma en aquel tiempo. La acción que ha creado Jacopo transcurre a finales del S. III, la época del san Jorge real, durante el dominio del emperador Diocleciano. El final conduce a los varios protagonistas de la historia apócrifa en direcciones inesperadas.
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