Había una vez, en un pequeño pueblo, una casa aislada qué por su estructura, más bien parecía abandonada, pero cual fue mi sorpresa un día al descubrir qué aquella, era una casa de libertad. Había payasos qué hacían reír olvidando las penas, locutores, niños, poetas y una hormiga amarilla. ¡Qué maravilla, qué maravilla! Más bien parecía un mundo de locos, locos cuerdos, qué tan solo quieren hacer felices a los demás por encima de todo. Allí, todo se hacía en conjunto las risas, los llantos,
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