Cuando entré en el pub, ya había bastante gente. Me apresuré a pedir un trago y a coger uno de los últimos asientos que restaban. Quedarse de pie en una esquina equivalía a parecer uno de esos chicos que nunca bailaban en las fiestas de antaño. Y no estaba dispuesto, por mucho que los nuevos métodos me parecieran tan absurdos. Encendí mi tableta y eché un vistazo a mi alrededor virtual; me había documentado, no quería parecer un novato o un bicho raro. Mirar directamente al personal no estaba bi
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