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Guerra
04/14/2015
No pude entenderle. Aquella clarividencia en sus ojos me apuñaló por la espalda, negra la noche, blanco el día. Fue como una muerte de abismo cortante, un suspiro de hielo vacío en medio del cosmos. Le pedí que se quedase unos minutos más, y cuando me fui a dar cuenta del tiempo que había pasado entre el pensamiento pasional que me impulsaba a retenerle, fuerte, muy fuerte, y aquella fuente de energía interminable que se solapó y me descompuso el alma y las venas, rotas, jadeantes, y aquel entre
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