Leire llegó tarde, como de costumbre, justo cuando María Dolores empezaba a impacientarse. Las dos amigas y aparentes rivales habían quedado a dos manzanas de su lugar de trabajo. Nunca se citaban a la puerta, intentando evitar el acoso mediático de la prensa y de los reporteros gráficos, que a esa hora solían estar apostados en las inmediaciones del Congreso.
- ¡Jovar, Leile, llegas tarde! El próximo día te digo que hemos quedado media hora antes y así no tengo que esperar.
- ¡Jo Loli, si lle
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