Si yo pudiera, cariño, hacer que nada te doliera…
Con tu manita pequeña, apoyas mi mano en tu cabeza.
Si yo pudiera quitarte así la fiebre, el cansancio, y quedarme con tu dolor, con los virus que una y otra vez te acechan…
Me duelen como agujas las lágrimas de tus ojos. Cada queja, cada protesta, se me clava en mi pecho en lo más hondo.
Si yo pudiera, cariño, hacer que tu risa volviera…
Te refugias en mis brazos, escondida de la luz, del mundo, buscando consuelo en el vaivén que recorre un
Creative Commons Attribution-NonCommercial 4.0