Marianita lo reconoció en el acto al abrir sus ojos al viento, era él, no había duda alguna, Germán Tulena su prometido era el Cura Párroco del pueblo, y una fuerza endemoniada se apoderó de su conciencia estremecida propinándole una bofetada y luego otra, y lo prendió por el cuello, como queriendo asfixiarlo con su desgracia impía. La feligresía arremolinada miraba impotente la escena convicta, hasta que fue azuzada para agredir a la intrusa, cuando su hermano con arrebato infernal pretendió estrenarse su filoso juguete, con el hombre que había conocido como Germán Tulena, el prometido de su hermana, resultando ser el Cura Párroco de El Diluvio.
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