Tu mirada me hacía feliz, tu sonrisa me daba tranquilidad, tus frases me hacían reír, tus ojos eran mi mundo, tu olor era mi hogar...
¿Quién diría que detrás de aquel chico dulce se encontraba una persona rota?
Tú eras mi perdición.
Lo eras, y al tomar esa decisión, excavaste un hoyo, y en el enterraste mis sueños y esperanzas.
Dijiste que nunca te irías, dijiste tantas cosas...
Y al final, te fuiste sin cumplirlas, te fuiste sin despedirte.
Estaba muerta en vida, el mundo siguió, pero yo estaba congelada en tu recuerdo, veía tu sombra en todas partes, escuchaba tu voz todos los días, sentía tu presencia en el aire.
Pero estarías feliz al saber que encontré la felicidad, te he superado, ya no me dueles, te volviste en un lindo recuerdo de mi adolescencia, ahora puedo recordarte sin llorar, mis sueños y esperanzas que alguna vez enterraste fueron reemplazadas, están renovadas, han evolucionado, al igual que yo.
Gracias, Logan, gracias por enseñarme a amar sin esperar nada a cambio.
Creative Commons Attribution 4.0