- ¡Esto es inaguantable! ¡No lo soporto más! ¡Si es que tienes a tus hijos muy mimados!
Todas las noches, durante la cena, D. Invierno, soltaba este discurso a su mujer, Dª. Verano.
- ¡Estoy harto de hacer su trabajo! Y tú te callas. Y los tapas, como son tus niños. Pues tu hijo, Otoño, bueno Toño, como ahora quiere que le llamen, se dedica a pasar las noches en vela, de parranda con sus amigotes. Y cortejando a esa tal Luna. Luego, todo el día durmiendo. Y el caradura aún me dice que padece
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