"No vengas a suplicarme perdón, a mentirme con tus lágrimas y tus mejillas enrojecidas. Ahórrate tus palabras, ahorra tu saliva. Regálaselo a otra, a otra estúpida que crea en ellas, en tus ilusiones y promesas vacías". Y aquí estás de nuevo, mirándome otra vez, juzgándome, acusándome con tu frialdad ¿Cómo pretendes que me sienta? ¿Inútil, inservible, humillada? No. No querido. Fuimos uno pero nunca más lo volveremos a ser. Tú, tu indiferencia, tu engaño, tu falta, solamente tus actos tienen
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