Un oficinista descubre que su novia de hace veinte años atrás ha muerto. Va a visitarla al cementerio un día después del entierro. Antes de llegar a la salida del cementerio descubre una lápida con una única palabra: "Bienvenido". Aturdido, se deja dar la bienvenida y entra en el féretro. Dentro, tumbado, se activa el mecanismo de un tobogán y desciende a una sala donde está sentada y viva, su novia muerta.
Un funerario que reconstruye rostros a los finados recibe la visita de un hombre, que le entrega un puzle con la foto de una clienta a la que le agradará saber que ha sido entregado a la persona que reconstruyó su rostro. Al funerario le extraña que use la expresión agradará, dando a entender que sigue viva. Ese mismo fin de semana muere su mujer en un accidente de tráfico.
Un novela sobre arriesgarlo todo, incluso la cordura, por reencontrarte con la persona a la que sigues amando.
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