Verdadera delicia descubrirlos una mañana en el arriate verde de tréboles, bajo los rosales y la yerbaluisa: hasta una veintena de flores apiñadas en el tallo, del grosor de un meñique y de un jeme de largo, con sus seis hojas carnosas, azul violeta, y una fragancia dulce, fresca, que nos transporta a otros aromas puros de la infancia como el de las magnolias y los claveles, el de las azucenas.
Hablo de los jacintos. Los miro en los arriates, aspiro su exquisito perfume, observo sus pétal
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