En la barbería de Abel
el cabello cortado sin cesar cae,
en sus dedos un tic
rítmico parsimonioso, clic, clic, clic...
Humilde Paquistaní
que con la tijera desmenuza veloz
barbas y cabellos
de nietos y abuelos.
Nunca habla de política,
niños o familia,
el nombre jamás consulta,
sólo interpreta las señas
de lo que deseas
porque aún no sabe
de Cervantes su lengua.
Tampoco te mira a los ojos,
pero complace los antojos
como ninguno a todos.
En la barbería de Abel
el cabello cortado sin cesar cae,
al
All rights reserved