Tomó el canto más plano que encontró, la posó sobre el dedo anular rodeándola con el índice y amartilló el brazo. Tras un fuerte empujón la piedra salió rebotando sobre el mar en calma hasta que perdió potencia y se hundió casi a la altura donde se reflejaba el sol vespertino.
—¡Hala, qué lejos ha llegado esa! —dijo el niño—. ¿Cómo lo haces?
—Pues con práctica. Es importante encontrar una piedra que sea plana, después tienes que lanzarla con fuerza para que vaya paralela al agua y que rebote l
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