A Sergio M. Villar, que me propuso un título y supo esperar
Lo escribieron con los ojos, de frente, sin tocar con los pies el suelo. Así, a la misma altura, firman en la mirada los acuerdos de la piel aquellos que tienen sangre y vuelan.
Siempre
Ecos de futuro enmarcados por pestañas de mortales.
Siempre
El llanto llega un día, silencioso. No hay tintas indelebles en este mundo abocado a morir para renovarse (el viento trae olvido, olvidan, en él suspendidos). Escuecen los ojos al limpiarse
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