Penumbras apuñalan el crepúsculo que anuncia la noche, y mis ojos, secos de lágrimas, olvidan su intensa mirada. Mi existencia desvelada, invisible, tiesa y pedregosa huye, porque ya no poseo, y no deseo, la vida que me arrogaba. Somnoliento y con mis sentidos vertiginosos, me arrojé a un precipicio oscuro, empalideciendo mi piel y mi […]
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