Un accidente de tránsito puso en sala de espera del mismísimo infierno a Clara, una dama de abolengo y acostumbrada a los caprichos más grandes que pueda tener una persona con mucho dinero. Por su parte, Justina, es una mujer de servicio y que viene de una línea familiar que no ha conocido otra cosa que atender a personas adineradas. Ellas dos fueron víctimas del mismo accidente, causado por la imprudencia de Clara, que las mandó derechito a la sala de espera del señor de las tinieblas. Ahora las dos en igualdad de condiciones sacarán todo lo que no se habían podido decir en tantos años de trabajo.
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