Imagínate que un día circunstancias ajenas a ti hagan la vida tan difícil, que tengas que mirar las paredes de tu casa, esos pedazos físicos que se juntan para darle forma a tu hogar y que ya están también de alguna manera pegados al corazón, y decirles adiós con cierto afán y sin estar preparado, no porque vayas a perseguir el sueño de transformación y crecimiento de ese hogar, sino porque el egoísmo ciego y la ambición de poder de algunos hombres han llegado al punto de golpear tan fuerte las
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