No me cabe la menor duda, no solo de ser autógrafo del autismo voluntarista... porque en realidad somos autistas emocionales, potencialmente divergentes eso sí, autistas espirituales a ratos, sobre todo cuando la incertidumbre nos saluda y cotidianamente parecemos autistas cerebrales a la hora de poner otro pié en esta Tierra nuestra, al ritmo de un despertador enojado con su suerte.
All rights reserved