El piso quebrado de los acantilados, pese a su importancia, suele pasar desapercibido a los visitantes, muchos de ellos habituados a contemplar sus formas con alguna finalidad meramente pragmática: buscar algo firme para tumbarse, capturar llámparas, bígaros, pulpos, pescar a caña sobre alguna de sus rocas, encontrar un pozo profundo para bañarse, algún canal submarino para bucear, o simplemente manosear piedras suaves para relajarse. Todos los rincones del pedral, o una buena parte en su defect
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