Search
public copyright
inscriptions
10107 results found for tag:"prosa".
2408219178998
La menos corpulenta de las Fuenfría no puede recordar
08/21/2024
El relojero
https://valentina-lujan.es/trans/Lamenoscorpudelasfuen.pdf recordar más, aunque tampoco quizás menos, que su propia hermana o que las propias, también, hermanas de la Navarrete o la Soriano; o que la más aficionada a las películas musicales de las Gongordiola o acatarrada de las Olmedo. Ninguna, ninguna excepto tal vez Marcela — pero Marcela ya sabemos todos cómo es y cómo se puso aquel día en que, roja de ira, gritó “¡Basta!” y que aquello era una sarta de sandeces —, puede recordar ni tiene a quién preguntarle cómo empezó, de dónde arrancó toda aquella, o esta, maraña de acontecimientos que nos tiene enredados, enganchados los unos con los otros en una especie de tela de araña entretejida de acaeceres entretejidos en quién podría saber qué remotas mentes de qué remotos “otros” que, en su “día” — o como ellos llamasen a aquel trascurrir de su aquello otro que ni por un instante tuvieron la ocurrencia, tan sencilla ahora, de llamar “tiempo” —, no pudieron recordar, tampoco, de dónde había arrancado toda aquella — o “esta” en su remoto ahora — maraña de acontecimientos que los tenía enredados, enganchados los unos con los otros en una especie de tela de araña entretejida antes, mucho antes, de que ni ellos, ni sus antepasados, ni los antepasados de sus antepasados, tuviesen a quién preguntar cómo ni cuándo.
All rights reserved
2408209170124
Un tal Estanislao
08/20/2024
La abuela Zita
http://valentina-lujan.es/trans/Untalestanislao.pdf Gargayo de la Frijolera que, se rumoreaba, no había existido nunca fuera de la tarjeta de visita pegada, por ella personalmente la mañana misma en que llegase y con sus propios dedos enguantados en cabritilla beige a juego con un bolso y tres maletas, al buzón desde donde precedido de un Vda. de, imaginaba ella, Bernardina…― así, a secas, reiteraba inasequible al desaliento la señorita Alicia al cabo de la pausa en el dictado que marcaba, adrede, con toda la intención de comprobar si alguna le saltaba con un “doña”; habrá que insistir y volver sobre ello tantas veces como sea necesario y hacéroslo copiar cien veces si es preciso, amenazaba, y siempre, por descontado vaya eso por delante que no quiero luego un hatajo de madres protestando “¡porque mi niña!”, por evitar equívocos y, mirándolas de hito en hito golpeando con el bolígrafo sobre su cuaderno de notas, que si quedaba claro ―, en su inocencia enternecedora o ridícula, alargando su brazo protector y rodeándole con él los hombros conjurando, así, la soledad y el olvido grabados como a fuego en las comisuras de la boca y en cada arruga de su rostro empolvado. ¿Podría un ser tan nada autónomo como Bernardina, tan dependiente de una mera sombra, puesto ante el brete en que lo colocaba la extemporánea intervención de Calpurnia o la Prieto salir al quite de su propio devenir no dando un paso en falso? La señorita Alicia no se sabía contestar a esta pregunta ni había mostrado nunca el menor interés por aprenderlo, ocupada, como estuvo siempre, en centrar toda su atención en no responder nunca cuando, de niña, se le preguntaba si quería más a papá o a mamá, o que sí cuando era no y que no cuando era sí en el caso de que la pregunta fuese formulada por unos padres que — eso sí lo sabía — responderían siempre con una negativa a su verdadera preferencia. Entendiendo, sin embargo, que la señorita — la suya, la de ella, Licinia, plantada allí de pie con sus manos cruzadas a la espalda y el aire tranquilo de quien está dispuesto a esperar todo el tiempo que sea necesario — no era mamá y Bernardina no era ella, tentada por un instante estuvo en responder que sí, que sí podría porque, ¿y quién podría conocer a Bernardina mejor que ella? Nadie, por supuesto. Nadie y por una razón tan sencilla como que Bernardina era su… Pero, ¿y si se estaba confundiendo, o fantaseando, y la señorita no era Licinia? A esto, y aún en la certeza de que hubiese alcanzado la mejor puntuación, y el primer puesto en la fila, y la felicidad de regresar a casa aquel mediodía llevando colgada de su cuello la medalla de honor, prefirió — sin dudarlo ni un instante y a sabiendas de que hubiese muy bien podido preferir lo contrario — , y así lo manifestó ante el inquisidor, no responder. – ¿Ha de entenderse, por tanto, que su elección fue el regresar a casa a mediodía habiendo renunciado a la felicidad? – Oh, no, su señoría; por supuesto que no.
All rights reserved
2408199159178
Preguntando si había dormido bien
08/19/2024
Don Alfredo
http://valentina-lujan.es/E/ellacontestoque.pdf ella contestó que no; que había dormido mal y que se sentía cansada. Y comprendió entonces que no había elegido bien, o que vencida por el sueño se había confundido de orden y había dejado lo de descansar para el final; y hoy, precisamente hoy, hoy precisamente que hubiese querido estar despejada porque tenía que defender un caso muy, pero que muy delicado que, consideró, cuántos menos quebraderos de cabeza estaría teniendo ella siendo una mujer sin estudios ni instrucción (ni primera instancia, si pudiese elegir) y esposa de un chatarrero ─ se le ocurrió ─, madre de un hatajo de chiquillos luciferes pero con infinitamente menos quebraderos de cab… No, que eso ya lo había dicho y “¿ves ─ le dijo al marido ─ como estoy cansada?”. Y que ahora tendría que desdecirse. - Pero ─ dijo el marido ─ como estás retractándote puedes aprovechar y meterlo todo en el mismo saco. - “Pieza separada” ─ le corrigió ─, cariño. - ¿Separada de qué? - Pues me figuro ─ respondió, evasiva ─ que de todo lo demás, tesoro ¿De qué iba a ser? Que “quién me mandaría a mí ─ pensó ─ meterme a letrada”. Y como así al pronto no iba a poder encontrar la respuesta, tanto como hay que llevar en la cabeza para ser una mujer de hoy, apuntó en una servilletita de papel “consultar el sumario” sin ni terminar el segundo churro, y se la guardó en el bolso. FIN Nota: Aquí se cierra el círculo ─ dijo don Cliptemestro ─ 255-0-255 ... De un capítulo de la historia de la abogada del novio de la fisioterapeuta del señor Ramírez (padre) que, no hallando modo de poner en conocimiento de su cónyuge que se había enamorado de su cliente sin herir su vanidad, no lograba conciliar el sueño ni, la bisabuela, mientras su descalzadora se lo relataba, la paz de espíritu preguntándose “no sé dónde vamos a llegar con tanta especialización, esto podría hacerlo yo misma o ayudarme Montano”, que alguna vez se lo llegó a decir y, al marido, cómo alcanzar a adivinar (pese a haber sabido incorporarse con facilidad portentosa a los tiempos modernos) de cuál de los tres sería el cliente del que el o la insomne se había enamorado… − Que no he querido, Montano ― le decía contándoselo ―, incordiarla con mis tontas preguntas tanto trabajo que deben de darle los cordones con tantos ojetes, pero no lo entiendo; no lo entiendo ni aun sin herir una vanidad que, no sé por qué, he pensado que podía ser una pista porque me ha parecido importante. Y, el bisabuelo, que “pues ahí tienes el porqué´”. Y que no le diese tantas vueltas.
All rights reserved
2408189148991
Y retractándose estuvo
08/18/2024
Basilia
https://valentina-lujan.es/Y/yretractan.pdf toda la tarde-noche de aquel día y la parte de la mañana del siguiente [porque paró, como es natural, por la noche para dormir, descansar y tomar fuerzas entre incertidumbres que entre sueños [o quizás mejor “entre pesadillas” porque pasó la mujer una noche malísima “que no le deseo ─ explicaría (con la hora pegada a los talones en la cola del pescado) ─ ni al peor de mis enemigos” ] la estuvieron asaltando toda la noche {con navajas y otros objetos punzantes (porque, si tenía que ser veraz, armas de fuego juraría que no las hubo; y tenía que ser veraz)} por culpa de, tan atareada con lo suyo, no haberse parado a reflexionar si sería el que aplicó el orden natural y lógico de hacer las cosas o hubiera sido más sensato tomar fuerzas primero ─ un par de empanadillas que habían sobrado el día anterior, en la nevera (que era ella mujer de poco comer), y un dedito de vino (tinto y en el estante del aparador, que el vino tinto, ella lo sabía, mejor a temperatura ambiente) ─ para, una vez reconfortada, disponer de la energía y presencia de ánimo suficientes para decidir, con resolución y sin dejarse coaccionar con protestas, si el segundo lugar se lo adjudicaba al dormir y el tercero al descansar o viceversa y, apenas al alba, para darse una ducha y asearse y seguir con la faena que cerca ya del mediodía hubo de interrumpir de nuevo para acudir a ─ contrariada ─ abrir la puerta a la vecina que le vino preguntando por el desatascador. - ¿El desatascador? - Sí, porque es que, hija, no sé por qué será, pero el lavabo no me traga lo que se dice nada; y como tú en alguna ocasión… - Ya, pero de eso hace mucho; y ahora mismo ni sé ni me importa dónde pueda estar. - Anda, mujer ─ la otra ─, piensa un poquito y no seas rencorosa; que la mancha de mora, siempre se ha dicho, con otra verde se quita. - Ni un poquito ni ─ algo seca ─ un muchito porque, y perdóname que te sea tan franca, además de que ya te he dicho que el desatascador me importa un cuerno te diré que… y sé que va a parecerte muy raro, pero así son las cosas, justo en este momento estoy retractándome. Y, sin más contemplaciones ni mediar más diálogo, dijo un hasta luego y cerró, sin portazo, para sentarse de nuevo en el sillón y seguir con lo que estaba que ─ maldita fuese la estampa de la vecina, y de todas las vecinas, y de todos los muy (…) desatascadores del barrio y del planeta ─ ahora no sabía por dónde iba con tanto interés como tenía en haberlo terminado antes de la comida] que trascurrió entre el momento en que el marido la despertó temprano cuando al levantarse la zarandeó un poquito por el hombro diciendo que ya era tal hora — y preguntando si había dormido bien y ella contestó que sí — y el de, a eso de las once y media, hacer un alto en el camino para bajar con los compañeros del bufete a tomar un café.
All rights reserved
2408179142862
Quien mucho habla mucho yerra
08/17/2024
La joven de las botitas
http://valentina-lujan.es/L/locuenpal.pdf “Locución”, en palabras de Prisca, emblemática del habla peculiar de don Alfredo que a ella sin mayor conocimiento de su significado ― protestaba Graciela porque, lo sabía todo el mundo, le simpatizaba muy poquito y sacaba defectos a todo cuanto aquella decía ― le encanta utilizar aunque, contemporizador el primo Diorante, tan manazas, “¿qué queréis de él?”, decía, por don Alfredo, “con tan poquísima iniciativa para sacar de su propio caletre algo que no sea, exactamente y sin ni quitar ni poner una coma, el tío Emiliano y nada ni nadie más que el tío Emiliano” desatando, aunque ponía cara de inocente y preguntaba ¿pero qué he hecho yo para que se ponga hecha una furia?, la ira ahora verdadera de Graciela que lo acusaba de dices eso para burlarte de mí. Él, el primo, se defendía de la inculpación acusándola, a su vez, de ser una chica muy insegura que necesitaba estar recibiendo elogios constantemente o que se acordaran, si querían, de qué pasó aquella vez que quien hacía de Ursina se despistó y no dijo aquello de «porque doña Graciela es muy fiable». Entonces siempre había alguien que se echaba a reír diciendo ya has vuelto, so tonto, a meter la pata, porque se le olvidaba siempre que, como entonces, voluntariamente y por gusto y con agrado nadie quería acordarse y, como siempre, también, que esto ocurría, regresaba, tan emprendedor y optimista que era cuando las cosas le iban bien, con el ánimo enteramente por los suelos o, al menos, eso era lo que debía inferirse ― y sería verdad, porque lo decía Genoveva y lo que decía Genoveva iba a misa ― a la vista de sus hombros abatidos y de los gruñidos con que respondía a los saludos y las bromas con que solían acogerlo los chicos que, como era de esperar, se quedaban perplejos y confusos «porque —he aquí la ardua cuestión a dirimir —, ¿quién podía esperar de Diorante una actitud así?». –No tengo la menor idea — era costumbre que terciase la señorita Violeta en tono seco; y, con su inveterado gesto adusto —: pero alguien tendrá que hacerlo. Porque la señorita Violeta era antipática, sí, todo lo antipática que se quisiera, pero de tonta no tenía un pelo y, porque no lo tenía, se percataba en un momento de que lo que era de esperar había de, por fuerza y por lógica y por un mínimo sentido de qué es la coherencia, ser esperado con gusto o con disgusto, a ella le daba lo mismo, y tanto si lo que se estaba deseando era largarse a jugar al patio como si lo que se estaba queriendo era acabar con su paciencia y terminar, todos, de cara a la pared y sin recreo «de manera que — los conminaba — ya podéis ir espabilando». Y espabilaban, ¡vaya si espabilaban! Aquel día, sin embargo y sin saber por qué, los acontecimientos no se estaban desarrollando como siempre; y ella, la señorita Ernestina, lo notaba. Porque estaba — «estoy yo» se decía, siempre a solas porque le daba vergüenza presumir de sus dones — ella algo así como provista de un sexto sentido que la hacía percibir que, en ocasiones, aunque las cosas estuviesen aparencialmente funcionando no marchaban. Carecía, empero — y en este punto solía optar por no decirse nada — de agudeza para saber elucidar qué era lo que fallaba o, más coloquialmente, donde estaba el marrón; pero, como esta incapacidad suya la negaba por norma, sistemáticamente caía en el error de contentarse pretextando que la realidad puede a veces ser tan engañosa que, ella — «te voy a ser sincera», al espejo del cuarto de baño —, prefería ignorarla. La señorita Violeta en cambio, no. Sí; la señorita Violeta era muy diferente de la señorita Ernestina. La señorita Violeta era plenamente consciente de sus defectos, de sus limitaciones, y aceptaba sin rubor ni vergüenza que, como ella decía, adonde no se llega no se alcanza y, por eso, por ignorar cuánto de lo que pudiera estar percibiendo por completo y por cierto enjuiciando se le pudiese estar escapando, se fijaba muchísimo. –Porque, vamos a ver — y se colocaba exactamente en la misma ubicación y en idéntica postura que en la que tuviera que estar —: El problema... ¿dónde está? –Lo he perdido — consideró, sólo en su pensamiento. Los chicos se pondrían a dar saltos, seguro, como locos; los conocía como a la palma de su mano y sabía — esto no lo ignoraba — que lo que no iban a hacer era decirle, aunque lo estuvieran viendo ahí, junto a su pie, que señorita se le había caído. Lo que sí haría, alguno, sería levantarse y venir a recogerlo y dárselo, así, en propia mano pero por pura cortesía y como si tal cosa; simulando, con un cinismo escandaloso, no percatarse del problema. Lo descartó arrugando la nariz y dijo «no» con la cabeza. Luego, ya en voz alta, que era tarde, además. Tarde porque los chicos hallábanse ya ahora...
All rights reserved
2408179142565
La señorita Oriana
08/17/2024
El asador de castañas
https://valentina-lujan.es/S/senoritoria.pdf o Clotilde, o Rosaura, o Fructuosa, dependiendo de a quien tocara el turno porque os pasa – decía Basilia – igual que con el perro que cada una tenéis que llevar el vuestro y así pasaba lo que pasaba… −O véase, si no, qué pasó con… “¿era Albertina?” – quiere recordar la menos corpulenta de las Fuenfría – con las orejas y el rabo y las manchas de su Pascual. Pero no puede, la menos corpulenta de las Fuenfría no puede, por más que quiera, y mira que lo está intentando con todas sus fuerzas, clavados sus ojos angustiados o ansiosos en una Genoveva que, imbuida hasta los huesos aquellos suyos que de quién o de dónde le habrían venido ni a quién o cuando ir a protestar, exponiendo sus razones, claro, que no los quería, o que por lo menos se los cambiaran por otros, que había sido un error o pecado de vanidad imperdonable el aceptarlos sin saber lo que el acarrear con ellos exigiría de aquella, esta, su naturaleza tan creadora, tan encaramada en aquella autoridad jamás buscada, en aquella autonomía tan suya de la que en el fondo de su corazón abominaba, miraba con los suyos a otro lado como queriendo dar a entender yo ya os he dado el Mundo y la Vida y todo cuanto necesitáis para desenvolveros en el Uno y en la Otra, el cómo Configurarla y Modelarlo es cosa vuestra. Y que no siguiéramos, hoy por lo menos, todos mosconeando alrededor de ella, que tenía agendada o miradlo si queréis en la aplicación de vuestros móviles o en el calendario zaragozano una tormenta con mucho aparato eléctrico y, mira, las horas que son y ni un rayo ni un trueno ni una nubecilla tengo ni medio enjaretados todavía. Sin apiadarse, en su inmutabilidad, por la Fuenfría y sus denodados esfuerzos por recordar.
All rights reserved
2408179141094
Y eso nadie en su sano juicio lo quería
08/17/2024
El alcalde
http://valentina-lujan.es/trans/Yesonadiensusano.pdf lo quería si bien, y cuando ya habíamos conseguido que las piezas del armarito para el oratorio de la abuela donde quería ella guardar las hostias sin consagrar que nunca faltaban en aquella casa porque ella misma las mandaba encargar en la confitería antes de que se acabara la remesa anterior y a don Sisenio, a la hora de misa, nunca le faltasen encajaran sin que sobrasen tablas ni faltaran tornillos ni protestas porque siempre había alguien que se ponía a opinar justo en el sitio que ya tenía algún otro reservado para ponerse a repasar la tabla periódica de los elementos que sabía muy bien, aun sin tener que repasarlo, que le iba a caer en todo el centro del sistema solar que había dibujado con tinta china y lápices de colores con mucho cuidado una mancha de salsa de tomate si lo dejaba encima de la mesa de la cocina nos dimos cuenta de que, queriendo o sin querer, habíamos de resignarnos a que nuestros destinos estaban trazados siempre por mano de extraños que ni nos conocían ni tenían una idea muy remota de qué tal pudieran acomodarse nuestros temperamentos a designios tan arbitrariamente concebidos por quienes, a su vez, habían encontrado diseñados los suyos por unos otros que, supiéranlo o lo ignorasen, tampoco eran entidades autónomas ni adornadas de un albedrío más libre que el tiempo de los domingos por la tarde que, contra lo que cupiera esperar y se esperaba aunque fuera sólo por pura costumbre, no es ya que no lo fuese sino que ni siquiera lo estaba, aperreado siempre y con la lengua fuera porque había de ocuparse en tener todo a punto para cuando, tan pronto amaneciera el lunes, arrancase la siguiente semana y, con ella de la mano o en cochecito de bebé si era demasiado pequeña y daba pena despertarla los nuevos designios de un Altísimo al que nos costaría trabajo acostumbrarnos si el marrón le caía, que pobrecillo de tener que sacar adelante un cometido de tantísima envergadura, al gordito, el del taller de coches, que daba bastante menos la talla en estatura pero, como decía el profesor de geometría, las gallinas que salen por las que entran y que, como lo que faltaba de alto lo sobraba de ancho, el resultado en metros cúbicos vendría a ser, si se desestimaban los decimales, más o menos el mismo o casi igual y sin importar ni poco ni mucho para el problema de pura lógica que debíamos resolver que don Sisenio dibujase bastante mal porque, si bien para los conceptos metafísicos tenía muy buena cabeza, con la configuración espacial de los objetos tenía dificultades y los paralelepípedos, lo mismo que los conos y las esferas y los tetraedros, solían salirle bastante irreconocibles.
All rights reserved
2408179140905
Carácter más bien desenfadado
08/17/2024
Camelia
http://valentina-lujan.es/trans/Caractermasbi.pdf que fue motivo de innumerables demoras y no pocos quebraderos de cabeza porque, como decía Basilia, no sé yo si a ésta vamos a pillarle el punto, porque algunas veces el desenfado era tanto que frisaba — vocablo este del léxico del tío Astolfo y que, además de irritar a su medio hermana tenía, siempre que alguien la pronunciaba, que, y como siempre había alguien nuevo, haber otro alguien que fuera en busca de Ursina para que lo tradujese y nos enterásemos todos de que lo que le pasaba era que estaba al borde del descoco y el descaro, tan impropios de una señora tan distinguida como mamá que, además, ponía el grito en el cielo y, riéndose, porque una risa fácil y muy argentina que daba gusto oírla sí que la tuvo siempre, se mostraba con deliciosa naturalidad escandalizada exclamando ah, no, ni hablar, si me desabrocho ese tercer botón enseñaré el canalillo —, en términos llanos y sin ambages, la desvergüenza en tanto que, en otras ocasiones, se mostraba irascible y se negaba a discutir o enfadarse con todos los hermanos (o, bueno, medio, claro) tanto titulares como suplentes que le fueran presentando.
All rights reserved
2408169136659
La señorita no se cansaría jamás de repetirlo
08/16/2024
Camelia
https://valentina-lujan.es/trans/nosecasariajam.pdf o eso era al menos lo que quería pensar; pero, a veces, si es que a lo mejor había dormido mal, se le olvidaba y no lo repetía o, sencillamente y porque sin motivo alguno que lo justificase se cansaba, bien y aún sin pensarlo para disgusto del director — que, ese no, ese no se cansaría jamás de recordarle “acuérdese, o tómese una valeriana; pero, por favor no se canse, que ahí tenemos al ministerio vigilante de que el programa se cumpla y de que cada cual ocupe el lugar que le corresponda tanto en el tiempo como en el espacio vital que le tocare vivir” — o, peor todavía y eso era lo que más la desasosegaba pese a ocurrir con una frecuencia a la que presentía no iba a lograr jamás acostumbrarse, para aflicción de las madres más impresionables, que vendrían en comitiva a reclamarle que la niña, o el niño, había aparecido aquella mañana perfectamente ubicado en el espacio vital que le correspondía, en la cama en la que la noche anterior ellas mismas los habían dejado, bien arropados si era invierno y tras haberles dado un beso en la frente aunque fuese verano, pero en un tiempo que para nada resultaba acorde con su edad, ni con su estatura, y hablando un idioma extraño del que — referiría la consternada madre —, además de ni su padre ni yo entenderlo, las palabras se desvanecían apenas pronunciada y quedaban exangües, como sin vida, y que por que pasaban esas cosas a unas criaturas que habían acudido puntualmente, cada día, perfectamente lavados y peinados y uniformados a un colegio de pago en el que no habíamos — le dirían —, mi marido y yo, ni por un momento imaginado que las lenguas que iban a aprender no serían vivas. Y esto sí que la desasosegaba porque cómo explicar a una madre atribulada y confusa que… – Atribulada y confusa, no — el director —; no atribulada y confusa, Davinia; consternada, únicamente, Davinia, consternada y con eso, ¿no le parece?, ya tenemos bastante para ir tirando. – No, si parecerme por supuesto que sí, don Zacarías; pero, cómo explicar… – Davinia, por favor… ¿no se le ha ocurrido pensar alguna vez que puede ser sumamente sencillo? – Pues, si quiere que le sea sincera, a una madre atribulada…Perdón, consternada; no atribulada, no confusa, sólo consternada que, a ver, si con suerte, me lo consigo meter en la cabeza antes de que…y fíjese ya la hora que es, me llegue la siguiente. – La hora que es, la hora que es, Davinia, que siempre estamos con lo mismo cuando… y usted lo sabe perfectamente pero parece querer obstinarse en que tengamos problemas con el ministerio y… – Problemas con el ministerio; problemas con el ministerio cuando…cuándo, y no me casaré de repetírselo, será eso. –Ni yo me cansaré de repetirle, Davinia, que cuando el ministerio tenga medianamente claros, y bien ubicados, los espacios vitales en los que a cada uno de nuestros niños, y de nuestras niñas, y de sus correspondiente padres y madres les correspondan. – Sí, don Zacarías, eso lo entiendo muy bien; pero mi problema es el tiempo… – ¿Qué tiempo, Davinia? ¿De qué tiempo, Davinia, estamos hablando ni habríamos de preocuparnos en tanto el ministerio no los tenga a todos ellos bien ubicados también y, a nosotros, pobres mortales, debidamente informados? Y, ella, Davinia, lejos aún sin saber cuánto y menos todavía así las cosas de contestar, se quedaba pensativa preguntándose si no estaría equivocada y nunca, jamás, habría querido repetírselo, a él, el director; nunca jamás repetirle que el tiempo de que ella hablaba debía de estar ubicado en otro lugar; un lugar para el que el ministerio tardaría eternidades en encontrar el espacio vital en que los tiempos, el de aquí y el de allá… Pero, ah, se acababa de acordar; que era eso, eso exactamente en lo que quería, o eso había al menos creído siempre, repetirse por cansada que estuviese no pensar.
All rights reserved
2408149112956
CUANDO LOS ÁRBOLES PIERDEN LAS HOJAS TRIPAS CON IMÁGENES
08/14/2024
ALEJANDRA LÓPEZ ARÉVALO
All rights reserved
2408149112949
CUANDO LOS ÁRBOLES PIERDEN LAS HOJAS PORTADA
08/14/2024
ALEJANDRA LÓPEZ ARÉVALO
All rights reserved
2408139103797
Más malos que demonios
08/13/2024
Gertrudis
http://valentina-lujan.es/trans/Masmalosquedemon.pdf que, recién llegados de su pueblo y sin como quien dice haberse despeinado ni tenido tiempo de romper las vidrieras de la catedral ni incendiar una papelera o algún coche, lo primero que hicieron fue pelearse y devolver, así y con ello, el sosiego al espíritu atormentado de la señorita Alejandra que, tendente al pesimismo, estuvo en vilo desde que le anunciaron su llegada pensando que serían unos pequeños salvajes pusilánimes y apocados, a la antigua usanza, a los que no iba a ser posible meter en cintura, o no por lo menos que los metiese ella acostumbrada, como estaba, a sus educandos siempre prestos a obedecer sin rechistar y de bonísimo grado y sin cuestionarse el porqué, ni el para qué, ni la calidad de las órdenes recibidas, atentos tan sólo a ceñirse escrupulosamente el programa y terminar el curso, si no siempre y todos con matrícula de honor, sí con un notable alto y un expediente que nadie dudaría de calificar de impecable; pero cuando vio cómo sin ni siquiera esperar al recreo se propinaban puntapiés y puñetazos y se lanzaban mutuamente objetos diversos a las respectivas cabezas ― el mediano al mayor, en concreto, el tintero; y el pequeño al mediano un par de libros de texto de tapa dura con los que le hizo sendos chichones ― sonrió aliviada y comentó, luego, con el director, “por fortuna, don Miguel, estaba en un error, porque buena predisposición sí se les ve”.
All rights reserved
2408129094517
Aquellos hoyuelos que se le marcaban
08/12/2024
Dorotea
https://valentina-lujan.es/trans/Aquellosoyuel.pdf y que, por ser tan característicos de la sonrisa de las personas felices, jamás de la vida hubieran podido hacer pensar en final semejante a alguien que no fuese la tía viuda de las de Cornejo que ― sumamente torpe aun tan chismorrera y lenguaraz, que jamás se atascaba a la hora de tramar cualquier infundio ― cuando se vio allí de pie, en el centro de la escena y delante de todo el mundo mirándola aguardando expectante qué era lo que tenía que decir ― se quedó, quizás por ser una situación tan nueva para ella acostumbrada sólo a las tertulias de la cola de la charcutería, totalmente en blanco… O, más concretamente, negro sobre blanco porque lo que la señorita sostenía en su mano era el folio que, y lo había dejado muy bien claro ella el día anterior lo quiero, los quiero todos enteros, llenos, escritos de arriba abajo desde el primer renglón hasta el último . Y al alumno, un chico nuevo de nombre Ricardo Timón al que nada más echar la vista encima la Corcuera ya auguró este, ya os lo digo yo va a ser cortito, que por ser su primer día no lo pondría de cara a la pared ni las orejas de burro pero, alargándole el folio muy sería, quiero, para que veas que no soy tan cacho bruja como te habrán dicho todas estas — y nos miraba con cara de panda zánganos y niñas pindongas que sois todos y todas, y por no hablar de vuestras madres, que menudas piezas —, darte una segunda oportunidad. Y, dando dos golpecitos con su índice al folio que le había dejado sobre su pupitre, así que aplícate y a ver cómo eres capaz de arreglar esto. A la semana siguiente, y a la vista de los resultados, la Corcuera, por lo bajo, murmuró ¡joder con el Ricardito, que parecía tan mosquita muerta!
All rights reserved
2408119083828
Había colocado en la bandeja cinco servicios de café
08/11/2024
Georgina
https://valentina-lujan.es/versaciones/habiacoloc.pdf – ¿Cinco servicios de café? — mi amigo, que parece muy extrañado. Y, repite —: ¿Había colocado en la bandeja cinco servicios de café? – Sí — le contesto, pensativo yo, absorto en buscar una explicación para sus lágrimas y para el enigmático, no resuelto en fin… —, cinco servicios de café vacíos y siete botellines de cerveza y algunos vasos, y una tetera, también… – Una tetera, y un platito con una raja de melón y… – Limón — yo —, limón; la raja era de limón. – Vale — él —, limón, pero, pregunto, ¿estás seguro de… – Absolutamente, sí — respondo —, de limón; la raja era de limón pero qué puede importar un detalle tan nimio cuando lo que estoy tratando de relatar es… – No es tan nimio — mi amigo, que parece no enterarse o estar pensando en otra cosa —, pero, bueno, pasémoslo por alto y los restos de croissant también, incluso, que no me importa, el trozo de tostada. Pero lo que a mí me gustaría saber, puestos a atender a pormenores, es dónde estab… – Mordisqueada, sí; mordisqueada en una esquinita, sí; pero casi entera ¿Te parece bien? – Oh, sí, ningún problema, que quién no ha mordisqueado una esquinita de tostada alguna vez para, luego, sin aparente justificación, dejándola en el plato que termina en la bandeja que… – ¡Eso es! — yo, muy contento de que parezca que empecemos a centrarnos —, en la bandeja con la que, ya te he dicho, no se manejaba ella muy bien… – Y que no me extraña — él —; y con tanto turista por en medio, además, japoneses casi todos, con sus cámaras; que hay que ver cómo se pone esa sala de japoneses… – Ah. Que tú conoces el lugar. – ¿Y quién no lo conoce, tan mundialmente famoso? – Pues yo. Era la primera vez que iba; y no había, puedo asegurártelo, ningún japones. – Pues de cualquier otro país. Franceses, sudamericanos, suecos… – Sólo había dos hombres; hablaban en voz bastante alta y a uno lo oí decir ozú mi arma. – Pues, entonces — con cara de hacer recuento él —, alemanes o italianos tampoco. Y que qué raro.
All rights reserved
2408119083385
Alicia no se sabía contestar pero le gustaba
08/11/2024
La abuela Palmira
https://valentina-lujan.es/trans/Alicianosesabi.pdf pero le gustaba, de todos modos y aunque fuese a tontas y a locas ― o tal vez sólo precisamente por eso ―, como total no iba a enterarse nadie, responderse que no. «¡No podrás!», se decía. ¿Por qué? Pues por el mero capricho de llevar la contraria a su propia hermana que tenía aquella antipática manía de, siempre que le planteaba alguna de sus cuitas, decirle, indefectiblemente, piensa. A piensa la había instado cierto día ― lo recordaba claramente ― en que habiendo recibido de la mamá de Rosarito una notita por mano de la niña advirtiendo que iba a ir a visitarla mañana, a la hora del recreo, al objeto de recabarle no importaba en este momento qué embarazosa explicación acerca de algo por lo que estaba molesta, Alicia enjaretó como buenamente pudo, en mente, la explicación idónea a lo que dio en suponer iba a ser la demanda de la madre de la interfecta, pero, irresoluta o deseosa de saber qué tal iba a sonar dada en palabras, decidió dársela, nada más para ensayar, por teléfono a su hermana. –No sé, Alicia ― objetó aquella, una vez la hubo escuchado ―, si me parece del todo convincente. – ¿Y tienes por ventura otra mejor? ― había replicado Alicia poniéndole, con la mano libre, la comida a Aristóteles. Y, la otra, que ella no sabía pero que ― ahí es donde quería ella llegar — pensara un poco. –Piensa — le había dicho. Y Alicia pensó, largo y tendido, pero ahí estaba sin nada en la cabeza que argüir mientras que, a él, su Aristóteles, sólo le faltaba ya lamer el plato. Y que si estaba ahí; la hermana. -Sí —repuso; aunque no había que perder los nervios porque él, Aristóteles, comía siempre muy rápido. – ¿Y qué? –Paté de salmón. – ¡Oh, Alicia, esquivando los problemas no se soluciona nunca nada! Y que lo que tenía que hacer era cerrar la boca a esa insolente. – Pero, ¿cómo? — Retirando el plato y colocándolo encima del aparador pensativa ― Considerando, además, que la necesito. – ¿La necesitas? ― Escéptica la hermana ― ¿A Sole? ¿Estás segura de que necesitas a Sole? – ¿Cómo saco adelante, sin ella, el tema tan enredadísimo como está de los pichones? ― inquirió a su vez por toda respuesta. – ¡Tonterías! Además, ¿no eran perdices? –Ese es el lío; y esa chica tiene una memoria estupenda. –Bobadas, insisto. Cuando eso era hace mucho, además; los criterios de la docencia han ido cambiando, Alicia, y los métodos, y ahora mismo mucho más que el memorizar lo importante es el razonamiento. – ¿Eso es lo que tú crees? —no sabía Alicia por qué le contaba sus cosas a su hermana, tan poquito que la comprendía. – ¡Pues claro, hija! — y que lo que tenía que hacer era olvidarse de Sole porque, Alicia, esa chica es muy torpe si bien, convenía tenerlo presente si no se quería pecar de sectaria, y según lo pensó lo dijo en alto —: esto no es ni la mitad de delicado que el asunto aquel de la Prieto, o de Elvira, te tienes que acordar, con el tema de la carnicería... –Charcutería ― rectificó. –No, querida ― la hermana ―, carnicería que me acuerdo muy bien porque a qué, si no, que acuérdate si quieres que lo sabía todo el barrio y hasta aquellos tres primos más malos que demonios de… ¿era la Rebolledo? –No… – ¿No era la Rebolledo? –Sí, pero no me quiero acord… –Ah, no te quieres acordar… ¿Cómo entonc… –Sí quiero; pero no de la Rebolledo. –De acuerdo, Alicia — condescendiente la hermana —; dime, entonces, de quién te quieres acordar y procuraré ayudarte. – De nadie. – Alicia, cariño — al límite de su paciencia y emitiendo un profundo suspiro la hermana — pero, basta que me lo pidas, y mira que lo siento, para que me acuerde de alguien. – Ya, pero de lo que quiero yo acordarme es de algo. – Si, pero…¿de qué? – ¿Cómo que de qué? ¿No te lo estoy diciendo? – Es que, si me dieras una pista o algo… – ¿Algo? ¿Que te dé algo cuando es justo lo que te estoy pidiendo? – No sé. Espera a ver. Déjame hacer memoria… – ¡Memoria! ¡Tú hacer memoria! Es gracioso. De verdad que es gracioso. Te conozco, Elena; somos hermanas hace muchos años y sé que tienes una memoria enorme, llena de recuerd… – ¿En serio, Alicia, muchos? – Muchísimos, recuerdos de gentes y de lugares con sus caras y sus nombres, y con sus tejados, sus iglesias, sus riachuelos con sus pececillos y sus… – ¿Cuántos? – Ah. Eso no sé. Si los contaste no me dijiste nada. – Años. Años. Te estoy preguntando cuántos. – Con exactitud no sabría yo decirte, la verdad. Pero calculo así a bulto que deben de ser bastantes… – ¿Tanto? – Y tanto que tanto. Éramos pequeñas, y todo… Bueno, que no propiamente de pañales, entiéndeme; pero sí que como de seis o siete años… Ocho, todo lo más, tal vez… – O sea, que al colegio íbamos y sabíamos leer ¿Es eso? – Pues claro. Leer y contar y hasta un poquito inglés…
All rights reserved
2408109075826
Todos sabíamos que eso de suponer es arriesgarse
08/10/2024
Una cuñada
https://valentina-lujan.es/trans/todosabiam.pdf y, por eso, nadie quería; nadie quería suponer sin antes tener absoluta seguridad de que, aun suponiendo que lo que se supusiera tuviese un índice de probabilidad altísimo de rondar prácticamente la certeza, el margen de error, por pequeño que fuese, no estuviera tirando por tierra quién podría saber qué expectativas, qué ilusiones, qué esperanzas, que ambiciones del esforzado héroe que, intrépido, a pecho descubierto, se lanzase al proceloso océano de la incertidumbre del que — y eso no debía ignorarlo — podría no ser capaz en absoluto de salir airoso o de, más doloroso si cabe y en el caso que estaba por ver pero que, sometido a una vigilancia con que por el por si acaso y que no nos pillara distraídos o mirando a otra parte le había salido a Genoveva más bien corta pero sí muy ancha de que sí lo fuera, saber llevar con elegancia la corona que, con hojas de cardo y alcornoque, le estaba — por no desperdiciar las de laurel como era para ensayar porque la chica estaba de prácticas y bastante verde aunque parece ser que prometer prometía —enseñando a hacer a una aprendiza nueva que, comprensiva, entendió muy bien y a la primera la explicación que le dio de que es que, a las puertas de invierno que estamos y tantos como somos, conviene reservarlo para los guisos y estofados que con el frío resultan tan reconfortantes. Y es que verdaderamente empezábamos a ser ya muchos porque Genoveva, emocionada con el tema de las etnias que había empezado a trabajar hacia poco porque, dijo, todos del mismo color encuentro que queda como que muy soso, y que, además de porque en la variedad está el gusto, convenía diversificar las inversiones realizadas en tantas materias — primas, si, pero muy diferentes las unas de las otras — como había tenido que ir a buscar por un mundo tan grande y paso a paso, con sus propios pies porque, nos contó, la rueda la tenía más o menos pensada pero para un coche, dijo, aunque sea pequeño, de esos que algún día se llamarán utilitarios, voy a necesitar por lo menos cuatro; a lo que un impaciente, de esos que ha habido desde siempre y en todas partes no importa de qué color ni cuáles sean su complexión ni su estatura — porque algunos le salieron muy grandes y negros y otros más pequeños y tirando a paliduchos, como de a medio hacer porque no les hubiera cogido bien el punto —, pregunto ¿y el avión, entonces, Genoveva, para cuándo? – Tú de momento cállate y espera a que podamos entendernos, que el tema de los idiomas tengo todavía que estudiarlo.
All rights reserved
2408099070269
Sentado en el jardín
08/09/2024
Olivia
http://valentina-lujan.es/trans/Sentadoeneljardin.pdf en el que tantas tardes Ciriaquito (el “del Valle”), enteramente absorto y desasido de las preocupaciones tan tediosas de la vida cotidiana de las que él tenía la inmensa — y tan envidiada por parte de los vecinos y de los transeúntes que siempre que pasaban por delante se paraban a mirarlo — suerte de, a la sombra de la convicción tan arraigada que sin saber por qué ni salida de dónde lo asistía de que todo cuanto los sentidos perciben es quimera o fantasía, sentirse eximido de participar en los debates y discusiones en que todos los demás nos enzarzábamos buscando soluciones o algún objeto extraviado del que no debería y bajo ningún concepto faltar alguien asegurando haber visto, haber incluso tenido en sus propias manos cuando, casualmente y por motivo de estar necesitando quién sabe qué nadería que sería descrita en el momento oportuno (y nunca antes) y en el folio numerado, rubricado y sellado, del inventario que, a petición del solicitante que se presentara antes de tal hora, o del atardecer, o de la primera luna llena del otoño o de la última tormenta de verano (y nunca después), se haría realidad y por duplicado o, si se consideraba conveniente y no demasiado enojoso el contemplar, o condescender, o construir o constatar o, sencillamente, con… …currir, …ceder, …culcar, …centrar, …ciliar, Etc. Un mundo en fin, el suyo, tan lleno de posibilidades, con tantas opciones entre las que poder elegir, que terminaba no sabría él precisar si exhausto o agotado o exánime o simple y llana y sencillamente cansado y sin saber si deplorar o afligirse, o lamentarse, o apenarse o desolarse o gazmiarse o, tirando por lo fácil, dolerse de que su convicción tan arraigada de que todo cuanto los sentidos perciben es quimera o fantasía le impidiera, obstaculizase, dificultase, vedase, entorpeciese el participar en los debates y discusiones en que todos los demás nos enzarzábamos buscando soluciones o algún objeto extraviado.
All rights reserved
2408069042746
Se quedó ahí sentada esperando
08/06/2024
Las musas
http://valentina-lujan.es/trans/Sequedoahisentada.pdf esperando, un ratito corto primero y más largo a medida que iba cayendo la oscuridad y avanzando una noche que, por alguna razón incomprensible pero sin la menor duda de enorme peso, no terminaba de cerrarse del todo por más que los técnicos repasaron resortes, y desmontaron y volvieron a montar cerraduras, y sellaron orificios y grietas y antiquísimos conductos que, si estaban ahí, pues por algo sería, sí, pero que aspasen al que tuviese pajolera idea de cuantísimos lustros no haría que habían sido clausurados. ¿Había ocurrido algo semejante alguna vez? Nadie sabía. No se podía negar sin embargo que, a unos oídos más que a otros, habían ido llegando siempre con cuentagotas ciertos fragmentos de leyendas trasmitidas de generación en generación, como se deben trasmitir las leyendas, pero en un estado de conservación tan lamentable y relatados en lenguas tan diversas y por voces, a veces, gangosas y quebradas de abuelos venerables al amor de la lumbre de chimeneas de esas que presiden salones fastuosos con arañas, cuadros, tapices, porcelanas y alfombras turcas, persas o afganas y, otras, entre estornudos y moqueos de menesterosos al desamor de gélidos eriales, que ― como sucedería a cualesquiera otras obras de arte que se precien de tales ―, al verse sometidas a cambios tan bruscos de temperatura, humedad y traducción no siempre literal ni simultanea, no pudieron soportar el paso del tiempo y, bueno… ahí estaban, sí, pero a ver quién era el guapo que sabía recuperarlas, remozarlas, desempolvarlas, despojarlas de tantas capas de invención irreflexiva, incluso burda a ratos, como amenazaban con asfixiarlas y, desnudas, mostrarlas ante sus asombrados congéneres. El guapo no podía ser otro, en opinión de lo más granado de la juventud femenina aún casadera e incluso de las solteronas más definitivamente perdidas para la causa ― y con una ventaja que dejaba a Tristán, pese a que también tenía su público porque como decía doña Nucia siempre habrá un roto para un descosido, a la altura del betún ―, que el primo Orlando; pero el primo Orlando, tal vez por aquello de que no se puede tener todo, era un verdadero manazas. Simpático, ocurrente, ingenioso; un dechado en fin de perfecciones en lo tocante al intelecto, pero, con sus manos de artista tan bonitas, un zarpas en toda la extensión de la palabra. Así que, aunque todo el mundo pensara en él, que se pensó, a nadie se le hubiera debido pasar por la cabeza proponerlo como adalid de una empresa tan… no digamos “imposible” caso de no querer pasar por pusilánimes de esos que se ahogan en un vaso de agua, sugirió Cayetana la del quinto ― por buen nombre, también, para algunos, “la de Sobradillo", un tal Wenceslao ― pero sí “un poquito complicada”. Complicada porque algunas tardes, sin que hubiese habido el menor indicio de que las cosas fuesen a torcerse, los planes se desbarataban y Eulalia no decía ¡Caramba!, o no salía o lo hacía muy despacio y sin arrojar lejos de sí con enojo lo que tuviera en la mano, o no daba un portazo, o respondía a la del cuarto dos sin darse cuenta o pasaba, muy sonriente - diciendo “buenas tardes” y todo - por delante de la del tercero uno que, más servicial y dispuesta aun si cabe que la otra, no es ya que anduviera por las escaleras por si acaso sino que salía a sentarse al descansillo, con su silla plegable, y allí se pasaba las horas por si caía la breva de que fuese ella, ella tan insignificante, ella “¡yo, Señor, tan poquita cosa!” - exclamaba con los ojos humedecidos por la emoción - quien tuviese el insigne honor de ser la empujada; o no se encerraba en el despacho de don Román o, tanto si don Ramón estaba solo como si se encontraba atendiendo a algún paciente, no se atrincheraba ella, Eulalia, en la despensa sino que se quedaba allí, muy erguida bajo la claraboya esperando a ver qué decidíamos.
All rights reserved
https://valentina-lujan.es/trans/Nodijotanto.pdf como habría podido o le hubiese gustado decir si en vez de por designación, siempre arbitraria y a capricho del director guiado las más de las veces por presiones de unos patrocinadores hostigados a su vez por sus respectivos consejos de administración, le hubiera tocado por sorteo porque en tal caso, y estaba segura de ello, la suerte, tan reacia a atender los designios no menos caprichosos de un azar del que hasta la fecha había ido logrando — con trampas, sí, y pequeños engaños, pero lográndolo — saborear la enorme satisfacción de desembarazarse, habría acudido solícita en su amparo y, entonces… Se quedó ahora, aquí, pensativa por unos momentos, entornando los ojos y frunciendo el ceño simulando estar haciendo el esfuerzo de recordar la continuación de aquel lejano, manoseado entonces, que de tan repetido era ya un eterno presente cuando no — y esa era la amenaza que le tenía el corazón en un puño — el augurio de un futuro estancado, aprisionado en las redes de promesas olvidadizas de recuerdos zarandeados por una memoria puede que no cruel pero sí excesivamente permisiva para con… Y volvió a simular quedarse pensativa, por otros momentos que nunca ya serían los mismos, con los ojos de ahora entornados y el ceño fruncido sin siquiera tomarse la molestia de aparentar estar haciendo el esfuerzo de recordar la continuación de…
All rights reserved
2408028965697
Estoy tan dispuesto a ser escritor
08/02/2024
Felipe Ledesma
https://valentina-lujan.es/versaciones/estoytandis.pdf no me atrevería a decir que como a tirarme de cabeza por un barranco porque, conociéndolo como lo conozco, se echaría a reír diciendo que no me cree, que conociéndome como me conoce sabe muy bien que mi mayor pasión en este mundo son los deportes de riesgo, y que si de verdad no estoy en absoluto dispuesto a serlo debería decir que a meterme a cartujo, por ejemplo. – Pero, es que — le contestaría yo — no estoy muy seguro de que la vida retirada y en silencio, roto apenas para cantas Vísperas, Maitines y Laudes, no me parezca bastante apetecible. – Bueno — podría decir él, si se le ocurriera o le apeteciese —; que como tampoco es que el concretar tus preferencias y aficiones nos corra mucha prisa, seguiremos buscando ejemplos en otro momento; que seguro alguno encontraremos de tu agrado. Y que ahora — dirá, cuando surja si es que surge el tema de los ejemplos y mis gustos — en lo que debemos de centrarnos es… Y, yo, justo ahí (que ya lo tengo pensado) le interrumpiré con: – ¡Ah, no! — así, entre admiraciones y con la coma entremedias, que si no suena peor —, no puedo centrarme en nada, sumido, como estoy, en el desasosiego que me causa no saber, igual que cuando era pequeño, qué quería ser de mayor. – En tal caso — sugerirá él — podemos preguntar a tu madre, que ella debe de saberlo. Y tendré yo entonces que discurrir, por la mañana, en el ministerio, como ahora la temporada va flojilla y hay en curso muy pocos expedientes de regulación de… — dejaré un espacio en blanco, hasta saber de qué cosas pueden ser cursados expedientes de regulaciones —; discurrir por la mañana, decía, en el ministerio, alguna excusa para decirle que no, que a mi madre no puedo preguntarle porque… — aquí dejaré otro espacio en blanco para rellenar con la excusa que se me ocurra (cuando se me ocurra o, si no se me ocurre, pediré a Lola que me dé alguna idea) para que a él, mi amigo, le parezca una explicación razonable de por qué no quiero (o quizás “no puedo”, que me parece una razón de más peso, pero lo recapacitaré) preguntar nada a mi madre; porque lo que tampoco quiero es que él sepa que no quiero preguntar nada a mi madre porque, entonces, él querrá saber por qué no quiero… Y atosigar a Lola con más solicitudes de ayuda me parece que me da un poco de apuro cuando, además, me dijo ayer que durante las próximas semanas va a estar muy ocupada atendiendo a los proveedores de… Tecleo en el Google “proveedores” para ver de qué cosas puede haberlos y me sale que de equipos informáticos, de activos inmovilizados a corto y a largo plazo, de equipos de laboratorio, de gimnasio, de cómputo… No sé cuáles elegir, pero ahora no tengo tiempo de pararme a decidirlo porque Lola me llama por el gualqui talki anunciando que el profesor de esgrima me espera en la sala de armas.
All rights reserved
First | Previous | Page 8 of 506 | Next | Last
write to us if you want to leave us a message
© 2026 Safe Creative