Como diría Russell al inicio de su ensayo “Elogio de la ociosidad”,
Como la mayoría de mi generación, fui educado en el espíritu del refrán “la ociosidad es la madre de todos los vicios”. Niño profundamente virtuoso, creí todo cuanto me dijeron, y adquirí una conciencia que me ha hecho trabajar intensamente hasta el momento actual (Russell, 1989: 9)
Incluso a día de hoy, la carrera desesperada por obtener la máxima productividad en cualquier circunstancia –el trabajo, la vida social, el sexo...- continua siendo una curiosa mezcla entre el espíritu de sacrificio cristiano y el utilitarismo propio de los sistemas liberales. En todo caso, nos encontramos ante un marco productivo que define desde lo que concierne, propiamente, a las dinámicas de trabajo hasta el espacio social, asaltando todas las fronteras que quedaban fuera de su campo de acción (Comeron, 2007: 22).
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